El Vecino del Quinto Piso
Por Tonkix

**El Reencuentro bajo la Lluvia**
Clara ajustó su abrigo contra el viento frío que cortaba la ciudad aquella noche de viernes. Las gotas de lluvia resbalaban por el cristal del taxi, distorsionando las luces de los faroles en manchas doradas y difusas. Apenas podía creer que estaba de vuelta en el barrio donde había crecido, un lugar que había dejado atrás hacía casi una década. El destino, o quizá el caótico tráfico, la había hecho pasar justo por la calle donde había vivido hasta los dieciocho años. Y allí estaba: el edificio antiguo, de fachada desgastada por el tiempo, pero aún imponente, como un testigo silencioso de su juventud.
Fue entonces cuando lo vio.
Lucas estaba parado bajo el toldo de una panadería, protegiéndose de la lluvia mientras encendía un cigarrillo. El mismo Lucas que, años atrás, había compartido con ella risas, secretos y aquel beso robado en el ascensor del edificio, cuando tenían diecisiete años. El mismo Lucas que, después de aquella noche, había desaparecido de su vida sin explicación. Clara sintió que el corazón se le aceleraba, como si el tiempo no hubiera pasado. Él estaba más alto, los hombros más anchos, la barba incipiente dándole un aire de madurez que ella no recordaba. Pero los ojos... aquellos ojos verdes, intensos, aún la dejaban sin aliento.
El taxi se detuvo en el semáforo en rojo, y Clara dudó. ¿Debería llamarlo? ¿Fingir que no lo había visto? Antes de que pudiera decidir, Lucas miró en su dirección, como si sintiera su mirada. Por un segundo, el mundo pareció detenerse. Él frunció levemente el ceño, como si intentara reconocerla, y entonces sus labios se curvaron en una sonrisa lenta, casi incrédula. Clara sintió un calor subir por su cuello. No había forma de escapar ahora.
**La Conversación que Nunca Tuvimos**
—¿Clara? —La voz de Lucas era más grave de lo que recordaba, cargada de una sorpresa genuina. Dio un paso adelante, dejando la protección del toldo, y la lluvia mojó su cabello oscuro en segundos—. Dios mío, eres tú de verdad.
—Hola, Lucas —respondió ella, intentando sonar casual, como si aquel reencuentro no la estuviera dejando sin aire—. Hace... ¿cuánto tiempo?
—Nueve años —dijo él, sin titubear—. Desde aquella noche.
Clara sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Él lo recordaba. Claro que lo recordaba. ¿Cómo podría olvidarlo?
—¿Aún vives aquí? —preguntó, mirando hacia el edificio detrás de él.
—No, me mudé hace unos cinco años. Pero paso por aquí de vez en cuando, para visitar a mi madre. —Dio una calada al cigarrillo, observándola con una intensidad que la hizo desviar la mirada—. ¿Y tú? ¿Qué te trae de vuelta?
—Trabajo. Voy a estar en la ciudad unas semanas. —Mordió su labio, dubitativa—. En realidad, estoy alojada en el hotel de la esquina.
Lucas alzó una ceja, una sonrisa pícara asomando en sus labios. —Qué coincidencia.
—Mucha —asintió ella, sintiendo el peso de esas palabras. La lluvia seguía cayendo, pero ninguno de los dos parecía importarle. El aire entre ellos estaba cargado, como si cada palabra fuera una invitación silenciosa.
—¿Aún fumas? —preguntó, señalando el cigarrillo entre sus dedos.
—A veces. —Lo apagó contra la pared y lo tiró en un basurero cercano—. Pero puedo dejarlo, si quieres.
Clara rio, nerviosa. —No hace falta. No soy tu madre.
—No —murmuró él, acercándose un paso—. Nunca lo fuiste.
El corazón de Clara se aceleró. Había algo en el tono de Lucas, algo que le recordaba a aquella noche, años atrás, cuando la había empujado contra la pared del ascensor y la había besado como si el mundo fuera a acabarse. Tragó saliva, sintiendo la garganta seca.
—¿Quieres... tomar un café? —sugirió él, señalando la panadería detrás de ellos—. ¿O una copa? Hay un bar cerca que es bastante tranquilo.
Clara sabía que debería decir que no. Sabía que aquel reencuentro ya estaba adentrándose en un territorio peligroso. Pero la verdad era que no quería decir que no. No después de tantos años preguntándose qué habría pasado si él no hubiera desaparecido de aquella manera.
—Una copa suena bien —respondió, intentando ignorar el cosquilleo en el estómago.
**El Bar y los Fantasmas del Pasado**
El bar era pequeño, con luces amarillentas y música baja, del tipo que hace que la gente se incline para escuchar mejor. Lucas eligió una mesa en un rincón, lejos de las miradas curiosas, y Clara se sentó frente a él, sintiendo el cuero gastado del banco bajo sus dedos. Él pidió dos whiskies, puros, y cuando el camarero se alejó, Lucas la observó con esa misma mirada que la ponía nerviosa.
—Has cambiado —dijo, al fin—. Estás más... segura.
—Y tú estás más... —buscó la palabra adecuada— intenso.
Lucas rio, un sonido bajo y ronco que hizo que Clara recordara lo fácil que era conversar con él. —Intenso. Me gusta.
Llegaron las copas, y brindaron en silencio, los vasos tintineando suavemente. Clara tomó un sorbo, sintiendo el líquido quemarle la garganta de una manera agradable. Quizá fuera el alcohol, o quizá la presencia de Lucas, pero de repente se sintió más ligera, como si los años de distancia hubieran sido solo un sueño.
—¿Por qué te fuiste? —preguntó, antes de poder contenerse—. Después de aquella noche, simplemente desapareciste.
Lucas bajó la mirada hacia su copa, haciéndola girar entre los dedos. —Tenía mis razones. —Hizo una pausa, luego la miró—. Pero ninguna de ellas tenía sentido sin ti.
Clara sintió que el pecho se le oprimía. —Eso no es una respuesta.
—Lo sé —admitió—. Pero es la única que tengo.
Ella quiso insistir, quiso exigir una explicación, pero algo en su mirada la detuvo. Había dolor allí, algo que no entendía. Y, de repente, ya no importaba. Lo que importaba era el ahora, el calor de su cuerpo tan cerca del suyo, la manera en que sus rodillas se rozaban bajo la mesa sin que ninguno de los dos se apartara.
—¿Aún piensas en ella? —preguntó Lucas de repente—. ¿En aquella noche?
Clara no necesitó preguntar a qué noche se refería. —A veces.
—Yo pienso en ella todos los días —confesó, con voz ronca—. Pienso en cómo habría sido si no me hubiera ido.
Ella contuvo el aliento. —¿Y cómo habría sido?
Lucas se inclinó hacia adelante, los ojos fijos en los suyos. —Así.
Y entonces la besó.
No fue un beso suave, ni dubitativo. Fue un beso lleno de años de nostalgia, de preguntas sin respuesta, de deseo reprimido. Clara sintió los labios de Lucas contra los suyos, firmes y cálidos, y algo dentro de ella se quebró. Respondió sin pensar, las manos subiendo para sujetar su rostro, como si temiera que él desapareciera de nuevo.
Cuando se separaron, ambos estaban jadeando. Lucas apoyó la frente contra la suya, los ojos cerrados.
—No debería haber hecho eso —murmuró.
—Entonces, ¿por qué lo hiciste? —susurró ella.
—Porque ya no puedo resistirme.
**El Ascensor y los Secretos**
El hotel de Clara estaba a solo dos manzanas del bar, pero el trayecto pareció durar una eternidad. La lluvia había amainado, dejando el aire húmedo y pesado, y cada paso que daban estaba cargado de una tensión que Clara ya no sabía cómo controlar. Lucas le sujetaba la mano, los dedos entrelazados con los suyos, como si temiera que ella huyera.
—Estás callada —comentó él, al llegar a la puerta del hotel.
—Estoy pensando —admitió.
—¿En qué?
—En lo loco que es esto. En que no debería dejarte subir conmigo.
Lucas sonrió, una sonrisa lenta y peligrosa. —Pero vas a dejarme.
No era una pregunta. Clara abrió la boca para responder, pero las palabras murieron en su garganta cuando él la atrajo hacia sí, las manos sujetando su cintura con firmeza. —¿Tienes miedo?
—No —mintió.
—Entonces demuéstralo.
El ascensor era pequeño, estrecho, y cuando las puertas se cerraron, Clara sintió el cuerpo de Lucas presionando contra el suyo. Él no la besó de nuevo. En cambio, la observó con esos ojos verdes, como si estuviera esperando algo. Ella sabía lo que él quería. Sabía que, si decía que no, él respetaría su decisión. Pero no quería decir que no.
—Último piso —murmuró, apretando el botón.
Lucas sonrió, satisfecho, y cuando las puertas se abrieron, la tomó en brazos sin aviso. Clara soltó un gritito de sorpresa, las piernas rodeando su cintura por instinto. Él la llevó hasta la puerta de la habitación, los labios encontrando los suyos en un beso hambriento, desesperado.
—¿Estás segura? —preguntó, con voz ronca, al llegar a la puerta.
Clara no respondió con palabras. En su lugar, lo atrajo hacia el interior de la habitación y lo empujó contra la pared, los labios buscando los suyos con una urgencia que la sorprendió. Lucas gimió contra su boca, las manos deslizándose por su espalda, acercándola más.
—He esperado nueve años por esto —susurró, los labios rozando su oreja—. No me hagas esperar más.
**La Noche que Nunca Olvidaremos**
La habitación estaba oscura, iluminada solo por la tenue luz de la calle que entraba por la ventana. Clara se quitó el abrigo mojado, dejándolo caer al suelo, y Lucas hizo lo mismo, los ojos nunca apartándose de los suyos. Había algo casi reverente en la manera en que la miraba, como si ella fuera algo precioso, algo que temiera romper.
—Eres hermosa —murmuró, las manos deslizándose por sus brazos, dejando un rastro de calor a su paso.
Clara sintió que todo su cuerpo hormigueaba. Quería decir algo, pero las palabras parecían haber desaparecido. En su lugar, tiró de su camisa por encima de la cabeza, revelando su pecho musculoso, marcado por algunas cicatrices que ella no recordaba haber visto antes. Lucas no dijo nada cuando ella pasó los dedos sobre ellas, solo la observó con una intensidad que la hizo estremecer.
—¿Qué pasó? —preguntó, al fin.
—Otra vida —respondió, simple—. Otro tiempo.
Clara no insistió. En su lugar, besó cada una de ellas, sintiendo el sabor salado de su piel, el aroma masculino que la envolvía. Lucas gimió suavemente, las manos enredándose en su cabello, atrayéndola más cerca.
—Te deseo —susurró, los labios rozando los suyos—. Ahora.
Clara no necesitó responder. Lo empujó hacia la cama, y cuando él cayó sobre el colchón, ella se subió encima, las rodillas a cada lado de sus caderas. Lucas la observó con los ojos entrecerrados, las manos deslizándose por sus muslos, atrayéndola hacia abajo hasta que pudo sentir su erección presionando contra ella.
—¿Tienes idea de lo que me haces? —preguntó, con voz ronca de deseo.
—Muéstramelo —lo desafió.
Lucas no necesitó más incentivo. En un movimiento rápido, la volteó de espaldas, inmovilizando sus muñecas sobre la cabeza con una mano mientras la otra se deslizaba por su cuerpo, quitándole la blusa, luego el sujetador, dejándola expuesta. Clara arqueó la espalda, ofreciéndose a él, y Lucas aceptó la invitación sin dudar. Sus labios encontraron un pezón, luego el otro, succionando, mordisqueando, hasta que ella estuvo jadeante, las uñas clavándose en sus hombros.
—Por favor —gimió, sin saber siquiera qué estaba pidiendo.
Lucas sonrió contra su piel, los dientes rozando su cuello. —¿Por favor qué?
—Te necesito.
Él no la hizo esperar. Con movimientos rápidos, se quitó el resto de la ropa, dejándola completamente desnuda bajo su mirada. Clara sintió un momento de vulnerabilidad, pero entonces Lucas se posicionó entre sus piernas, y cualquier pensamiento coherente desapareció.
—Eres perfecta —murmuró, antes de entrar en ella con un movimiento lento, profundo.
Clara gimió en voz alta, las uñas clavándose en su espalda. Lucas comenzó a moverse, cada embestida más intensa que la anterior, como si estuviera intentando grabar ese momento en su memoria. Ella correspondió a cada movimiento, los cuerpos encajando a la perfección, como si hubieran sido hechos el uno para el otro.
—No pares —suplicó, sintiendo el placer crecer dentro de sí, una ola que amenazaba con arrastrarla.
—Nunca —prometió, antes de besarla de nuevo, los labios hambrientos, desesperados.
Y entonces ella llegó al clímax, el cuerpo temblando bajo el suyo, las olas de placer dejándola sin aliento. Lucas la siguió segundos después, enterrando el rostro en su cuello mientras encontraba su propia liberación.
Durante un largo momento, ninguno de los dos habló. Clara podía sentir el corazón de Lucas latiendo contra el suyo, ambos jadeantes, sudorosos, saciados. Él rodó hacia un lado, atrayéndola hacia sí, y ella se acurrucó contra su pecho, escuchando el sonido de su respiración que poco a poco se calmaba.
—Esto fue... —comenzó, sin saber cómo terminar la frase.
—Inesperado —completó Lucas, besando la parte superior de su cabeza—. Pero no equivocado.
Clara sonrió contra su piel. —No. No fue equivocado.
**El Amanecer y las Decisiones**
La luz de la mañana invadió la habitación, suave y dorada, despertando a Clara antes de que sonara la alarma. Abrió los ojos lentamente, sintiendo el peso del brazo de Lucas alrededor de ella, su cuerpo cálido presionado contra el suyo. Por un segundo, pensó que todo había sido un sueño. Pero entonces él se movió, los labios rozando su nuca en un beso perezoso.
—Buenos días —murmuró, con voz ronca de sueño.
—Buenos días —respondió ella, girándose para mirarlo. Lucas estaba hermoso a la luz del día, el cabello despeinado, los ojos verdes aún somnolientos—. ¿Dormiste bien?
—Mejor que en años —admitió, atrayéndola más cerca—. ¿Y tú?
—También.
Permanecieron en silencio por un momento, solo mirándose, como si intentaran memorizar cada detalle del otro. Clara sabía que ese momento no duraría. Sabía que, pronto, tendrían que enfrentar la realidad, las decisiones que habían tomado, las vidas que llevaban ahora.
—¿Qué pasará ahora? —preguntó, al fin.
Lucas suspiró, pasando una mano por su cabello. —No lo sé. Pero no quiero que esto termine aquí.
—Yo tampoco.
Él sonrió, aliviado, y la besó de nuevo, un beso lento, dulce, lleno de promesas. —Entonces no terminará.
Clara se permitió creer. Después de todo, tras nueve años de espera, merecía un poco de felicidad.
Y quizá, solo quizá, Lucas fuera la felicidad que siempre había buscado.